CUSAR, héroes sin capa

Sin capa, pero con vocación

Honor a quien honor merece: No usan capa, ni antifaz, ni traje de súperman. No hay música de fondo cuando llegan a una emergencia, ni cámaras esperando el momento heroico. Solo hay un uniforme y la decisión de entrar donde nadie más quiere entrar. Así son los rescatistas voluntarios de Curazao que integran CUSAR: sin capa, sin aplausos y sin pretensiones.

Les preguntamos qué los lleva a ser rescatistas y la respuesta llegó igual, una y otra vez, sin ensayarla: salvar vidas. Dos palabras dichas con la misma naturalidad con la que otros dirían su profesión. Pero detrás de esa respuesta simple hay noches sin dormir, decisiones tomadas en segundos y un compromiso que pocos están dispuestos a sostener durante años.

CUSAR, cuyas siglas corresponden a Caribbean Urban Search and Rescue Foundation, es un equipo de rescate voluntario de Curazao especializado en búsqueda y rescate urbano, recuperación de desastres y respuesta médica de emergencia. Lo conforman treinta personas de distintas nacionalidades: curazoleños junto a colombianos, dominicanos y holandeses, que un día decidieron formarse como rescatistas y no han parado desde entonces. Cada uno tiene sus certificaciones al día, entrenamiento continuo y la disposición de dejarlo todo cuando suena la alarma.

Una misión clara

Su misión tiene una regla clara y silenciosa: entran en acción cuando la magnitud de un evento supera la capacidad de respuesta de las autoridades locales, ese punto exacto donde otros ya no dan abasto y alguien tiene que dar un paso al frente. Y su labor no termina con el rescate: también apoyan la rehabilitación de las comunidades afectadas. Al mando está Octavio Restrepo, colombiano, comandante y fundador, la cabeza que sostiene esta estructura desde hace 12 años, cumplidos hace apenas unos días. Doce años en los que CUSAR ha estado ahí para Curazao cuando lo han necesitado, en el momento que nadie quiere que pase, pero que, cuando pasa, necesita a alguien preparado para entrar donde otros no pueden.


Algunos de sus miembros más activos: de derecha a izquierda: Olga Cossio, Robinson Rodríguez, Dilia Isabel Garcés, Octavio Restrepo, Andrea P. Acevedo


Los terremotos de Venezuela

Venezuela fue la misión que marcó un antes y un después para ellos. Cuando los terremotos gemelos golpearon a Caracas y La Guaira, dejando ciudades partidas y más de mil vidas truncadas, CUSAR no se quedó mirando desde la distancia. Viajaron a representar a Curazao en uno de los escenarios más duros que puede enfrentar un rescatista: edificios colapsados y el tiempo en contra. Según contó su comandante, Octavio Restrepo, permanecieron diez días en el país, trabajando codo a codo con equipos internacionales de otros países. Trabajaron sin parar. Hubo victorias que se sienten como milagros: personas rescatadas con vida de entre los escombros. Y hubo también las otras historias, las que no tuvieron el mismo final, las que se cargan en silencio y se quedan para siempre en la memoria de quien estuvo ahí.

Un pueblo agradecido

El pueblo venezolano les respondió con cariño: su labor fue altamente apreciada y las manifestaciones de afecto se hicieron sentir por todas partes. Fue una experiencia que les dejó una enorme gratificación.

Escucharlos contar lo que vivieron en Venezuela, con esa mezcla de orgullo y dolor que solo entiende quien ha estado en el lugar de los hechos, deja una certeza difícil de explicar con palabras: personas así existen para devolvernos la fe en la humanidad.

El costo silencioso de salvar vidas

Y hay algo que merece decirse en voz alta, porque no es un detalle menor: CUSAR no cuenta con ningún respaldo económico permanente. Los propios rescatistas usan sus recursos personales para mantener el grupo funcionando. Tienen algunos donantes, sí, pero nada fijo. Es decir: arriesgan la vida por la de otros y, además, sostienen con su propio esfuerzo económico la posibilidad de seguir haciéndolo. Ustedes dirán: pues a lo mejor son personas adineradas. Pero no, todos ellos trabajan para su subsistencia, y mantener a flote este equipo les significa muchas veces renunciar a algunos gustos personales.

Han dado la cara por Curazao durante doce años, dentro y fuera de la isla. Cada guardia, cada entrenamiento silencioso, cada mano que ha sacado a otros de entre los escombros sin pedir nada a cambio, son la prueba de un amor del que no se habla, sino que se demuestra.

Como dicen ellos mismos: se preparan para salvar vidas. Esa es su razón de ser y su motivación mayor.

No piden nada a cambio, pero sí necesitan de nosotros para seguir haciendo lo que hacen. Si quieres apoyarlos, escríbenos a whatsapp 59996673767 o visita www.cusar.org.

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Sobre la Autora: Clara Mesa es escritora, comunicadora y fundadora de Tribbon, plataforma de bienvivir y empoderamiento para adultos mayores activos. Coautora de Estelas de Vida y Las Huellas de la Vida. Vive en Curazao desde hace más de 25 años.

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