Serie olvidos, con motivo del mes del Alzheimer
Esta semana, coincidiendo con el Día Mundial del Alzheimer, dedicamos dos publicaciones al tema de los olvidos. La primera, con humor, habló de esos despistes cotidianos que todos compartimos: las gafas puestas, las llaves fuera de lugar. Esta es la segunda parte, y la hacemos con toda la responsabilidad que el tema merece: porque sí, hay olvidos que no hay que pasar por alto.
Basados en fuentes fidedignas, hoy hablamos de cuándo un olvido deja de ser un despiste gracioso y empieza a ser una señal que merece atención.
La diferencia está en el patrón, no en el hecho aislado
Olvidar dónde quedaron las llaves es normal. Olvidar para qué sirven las llaves, no lo es. Esa frase, tan simple, resume bien la diferencia entre el envejecimiento normal y las señales de alerta de demencia.
Según la Alzheimer’s Association, esto es lo que distingue a uno de otro:
Es un cambio típico del envejecimiento olvidar un nombre o una cita y recordarlo más tarde. Es una señal de alerta olvidar información recién aprendida y no lograr recuperarla, o hacer la misma pregunta una y otra vez.
Por ejemplo confundirse con el día de la semana y darse cuenta poco después. Es una señal de alerta perder la noción del tiempo o no saber cómo se llegó a un lugar conocido.
También es propio perder cosas ocasionalmente y encontrarlas al volver sobre los propios pasos. Es una señal de alerta guardar un objeto en un lugar sin ninguna lógica y no poder reconstruir en absoluto cómo llegó ahí, ni siquiera cuando alguien más lo señala, o repetir la búsqueda de ese mismo objeto varias veces en un mismo día sin recordar haberlo buscado antes.
Es típico tener, de vez en cuando, dificultad para encontrar una palabra. Es una señal de alerta perder el vocabulario común, o tener dificultad sostenida para seguir una conversación.
Y tener dificultad para recordar algo puntual cuando se está bajo estrés, cansado o con la mente saturada de pendientes, y que ese recuerdo vuelva apenas se descansa o se logra concentrar. Es una señal de alerta que esa dificultad persista incluso descansado, tranquilo y sin ninguna otra distracción de por medio.
La señal que no hay que ignorar
La clave, insisten los especialistas, no está en el hecho aislado, sino en la frecuencia, la progresión, y sobre todo, en si ese olvido empieza a interferir con la vida diaria y la autonomía de la persona.
Una historia que conozco de cerca
Mi madre siempre fue una mujer olvidadiza, de esas que buscaban las gafas con ellas puestas y nunca encontraban un documento importante cuando lo necesitaban. Tenía, además, un humor propio que nos sacaba carcajadas: recuerdo el día que vio a la distancia a un hombre acercándose y comentó, casual, «ese gordito se me hace conocido». Ese gordito era mi padre.
Así transcurrió mucho tiempo, con ese tipo de despistes entrañables que hoy describimos en nuestro artículo anterior. Pero de pronto, algo cambió. Empezó a no saber dónde estaba nada. Olvidó los cumpleaños de sus hijas, algo que jamás, en toda su vida, había olvidado. Dejó de poder ir sola al supermercado. Esos fueron los momentos que me hicieron llevarla al neurólogo, y ahí empezamos a entender que lo que teníamos enfrente ya no era el despiste de siempre.
Ella desarrolló una demencia que, con el tiempo, se fue acentuando. La última vez que fui a Colombia a visitarla, no me reconoció. Me preguntó: «¿quién es usted?»
Se lo cuento no para generar tristeza, sino porque las historias reales, contadas con honestidad, a veces ayudan a reconocer lo que una lista de síntomas, por sí sola, no siempre logra transmitir. Si algo de esto le resulta familiar en su propia familia, no lo ignore. Consulte a tiempo.
La esperanza también es parte de la historia
Y aquí viene la parte que más nos importa compartir con un tono positivo: la ciencia está avanzando, y lo está haciendo con un mensaje esperanzador y, sobre todo, accionable.
Según estimaciones del Instituto Nacional de Salud y Cuidados de Excelencia del Reino Unido y los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, hasta el 45% de los casos de demencia en el mundo podrían prevenirse o retrasarse actuando sobre factores de riesgo modificables: hipertensión, diabetes, obesidad, sedentarismo, tabaquismo, depresión y aislamiento social, entre otros. En América Latina, ese porcentaje sube al 54%, según un estudio publicado en Lancet Global Health, y en algunos países de la región llega hasta el 60%.
Cumbre de neurólogos
Este mensaje se reforzó apenas esta semana, en una cumbre de neurólogos realizada en Buenos Aires, donde se presentaron los resultados de LatAm-FINGERS, el primer estudio clínico de gran escala hecho en nuestra región sobre este tema. La investigación demostró que intervenir de forma combinada y sostenida sobre cinco pilares del estilo de vida (actividad física, alimentación saludable, control de factores cardiovasculares, entrenamiento cognitivo y vida social activa) mejora medible y significativamente la salud cerebral de personas adultas mayores en riesgo.
Los propios investigadores son honestos: esto no significa que la demencia pueda prevenirse por completo, ni existe una garantía individual. Pero sí es una noticia poderosa, porque pone el poder de acción, en buena parte, en nuestras propias manos: moverse, comer bien, mantener la mente activa, cuidar el corazón y, sobre todo, seguir conectados con otras personas, son hábitos que ya veníamos promoviendo en Tribbon por muchas otras razones, y que hoy la ciencia confirma que también protegen el cerebro.
No es una cura todavía. Pero es, como dicen los propios investigadores, la primera vez en la historia de la medicina moderna en que realmente se puede modificar el curso de esta enfermedad, y no solo tratar sus síntomas.
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Recursos para las familias
Si usted o alguien de su familia está transitando este camino, no está solo. Un primer paso simple y concreto: escriba hoy mismo a Alzheimer Iberoamérica (AIB) (alzheimeriberoamerica.org), la federación que agrupa a las asociaciones de Alzheimer de toda Latinoamérica, el Caribe y España, y pregunte por la asociación de su propio país y sus grupos de apoyo para cuidadores. Hay representación en Colombia, Venezuela, República Dominicana, México, Argentina y muchos más.
Si nota alguna de las señales que describimos en usted mismo o en alguien cercano, el siguiente paso también es simple: pida una cita con su médico de cabecera. No hace falta esperar a estar seguro del todo, ni tener todas las señales presentes. Una conversación honesta y a tiempo es, muchas veces, el paso más importante de todos.
Para cerrar
Reírnos de nuestros despistes, como hicimos ayer, sigue siendo saludable y necesario. Pero también lo es saber distinguir cuándo ese olvido pide otra cosa: atención, acompañamiento, y la certeza de que hoy, más que nunca, hay motivos reales para tener esperanza.
fuentes
- Alzheimer’s Association. 10 señales y síntomas tempranos del Alzheimer y la demencia. alz.org/es-mx/alzheimer-demencia/las-10-senales
- Infobae (septiembre 2026). Avances decisivos para prevenir la demencia en América Latina: las conclusiones de una cumbre de expertos.
- infobae.com/salud/ciencia/2026/09/21/avances-decisivos-para-prevenir-la-demencia-en-america-latina-las-conclusiones-de-una-cumbre-de-expertos
- Infobae (septiembre 2026). «Hasta el 54% de los casos de demencia se podrían prevenir»: expertos de América Latina debaten cómo implementar cinco hábitos clave.
- infobae.com/salud/ciencia/2026/09/15/hasta-el-54-de-los-casos-de-demencia-se-podrian-prevenir Alzheimer Iberoamérica (AIB).
- alzheimeriberoamerica.org