EL LEGADO DE LA MEMORIA

Escritor invitado: Victor Hernán Cubillos, Port Coquitlam (Canadá)

El periplo vital

Dicen por ahí que «la vida está llena de recuerdos» o que «recordar es vivir». Son manidas
frases que bien reflejan la realidad de nuestra existencia.
Y es que nuestro periplo vital está marcado invariablemente por una memorable sucesión de
experiencias: el primer beso, las fiestas familiares, viajes inolvidables, una aventura extrema, en
fin; logros, fracasos, enfermedades…hasta la posibilidad de ser testigos de momentos
excepcionales o aun de hitos históricos tales como la vida sin computadoras, ni dispensadoras
automáticas de dinero o productos, ni mucho menos teléfonos portátiles. Incluso, hemos
podido sobrevivir a desastres naturales o a la mismísima pandemia del coronavirus,
¡fenómenos de frecuencias centenarias!

El valor de nuestras historias

En ultimas, todos tenemos historias que contar; conocimientos para trasmitir; ejemplos para
compartir; lecciones que impartir, o simplemente, anécdotas para divertir.
Lo verdaderamente importante es que a medida que los años pasen, nos demos la oportunidad
de conservar y de aprovechar ese acervo cultural que hemos forjado a lo largo de nuestro viaje
por el tiempo. No hay nada mas triste que desperdiciar las ocasiones para plasmar de alguna
manera nuestra esencia como seres humanos a través de gestos tan simples como nuestras
rutinas cotidianas o nuestras propias expresiones naturales, genuinas y características.
Yo, por ejemplo, me reprocho el hecho de haberme privado a mí mismo – y de contera a todos
ustedes-, el poder escuchar una grabación de la hermosa voz cantarina de mi madre, que
engalanaba todas nuestras mañanas en la casa familiar entonando a capella tonadas y
canciones que aun resuenan en mi mente, pero que debieron ser registradas para la
posteridad…

Construir memoria

Por eso, es imprescindible procurar conservar nuestros recuerdos dadivosa y generosamente.
Aunque en principio no lo parezca, lo que hacemos muchas veces trasciende nuestra esfera
personal y le puede servir o interesar, e incluso beneficiar a muchos.
Se trata de construir memoria. Y en este caso, el concepto de memoria rebasa la dimensión y
definiciones netamente médicas o psicológicas, para adquirir una connotación estrictamente
socio-cultural y patrimonial. Así entendida, la memoria se edifica a través de sonidos, relatos,
testimonios, imágenes y en general por medio de cualquier manifestación artística o todo lo
que representa nuestra producción intelectual.
Porque todos poseemos un talento, ya sea visible u oculto; manifiesto o por descubrir. A unos
nos gusta escribir, a otros cantar, o actuar, o pintar, o hay quienes sobresalen en la práctica de
un deporte, u organizando viajes, o disfrutando de la preparación de delicias culinarias. La lista
es inagotable y sin descarte. En efecto, cualquier actividad humana merece la pena de
preservarse y quedar conservada para la eternidad.

La huella digital

No hay excusa. Con los medios de los que disponemos actualmente, resulta sumamente fácil ya
sea tomar una fotografía o clip de video, o grabar un audio. Hasta ya podemos dictar y
transcribir nuestros pensamientos en cuestión de un clic.
Por eso a estas alturas resulta imperdonable que nuestro nombre no figure en los resultados de
un navegador informático y al mismo tiempo, es desolador no poder encontrar registro alguno
de alguien a quien conocemos y le hemos perdido la pista. Es cierto que el internet se ha
convertido en un agitado marasmo de información de dudosa calidad, credibilidad y
procedencia. Sin embargo, constituye a la vez, nuestra fuente de consulta privilegiada y la nube
virtual donde permanecen para siempre los datos que algún día nuevas inteligencias van a
necesitar o descubrir.
Es entonces nuestro deber y compromiso mínimos para con nosotros mismos y la humanidad
entera, que nos puedan conocer y recordar por lo que somos y hacemos, fuimos e hicimos. No
solo nuestros descendientes, sino nuestros congéneres en general, tienen todo el derecho a
beneficiarse de nuestra contribución y aporte vital. No existe nada insignificante, sino y mas
bien, significativo.
Así no despierte un interés universal, siempre habrá quien encuentre una motivación especial o
una inspiración particular, a partir de nuestro legado e impronta individual.

Sembrar para perdurar

Entonces, anímate a poner tu ladrillo para continuar confeccionando nuestra interminable
memoria colectiva. Ya que nuestra obligación es pasar por este mundo sembrando y
enriqueciendo el conocimiento y la historia misma.
Porque todos sin excepción, podemos y debemos dejar una huella perenne, más allá de una
vieja fotografía en un polvoriento álbum olvidado en un baúl de un sótano; o de esa silla vacía
en ese recinto donde ya no volveremos a estar presentes… al menos de cuerpo, ¡sino quizás de
alma!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Sobre la Autora: Clara Mesa Fundadora de Tribbon.org, un movimiento dedicado al empoderamiento del adulto mayor para vivir una etapa de la vida llena de significado y propósito. Como escritora y comunicadora, busco rescatar las historias que nos conectan con nuestras raíces y nuestra esencia.

Proyectos y Colaboraciones:

Scroll al inicio