El ruido de las invitaciones y la tristeza innecesaria.
¿No Hubo Invitación? Celebremos Igual.
Seamos honestos.
En esta época del año, pocas cosas generan tanto ruido como las invitaciones… o la falta de ellas.
Que si no nos llamaron. Que si nuestro nombre no estaba en la lista. Que a fulano lo invitaron y a nosotros no…
Y sin darnos cuenta, pasamos la semana entera dándole vueltas al asunto, con una tristeza que no vale la pena.
Hagamos una pausa.
Con los años —y casi setenta encima— una cosa se vuelve clara: no podemos permitir que situaciones como estas nos roben la paz.
¿Qué es la autocelebración?.
Aquí entra algo que los años me han enseñado y que hoy les comparto, porque es profundamente liberador: la autocelebración.
No suena muy común, lo sé. Pero significa algo simple y poderoso: la capacidad de estar bien, de celebrar, de sentirnos plenos… sin depender de que otros nos incluyan o no.
Motivos para tu propia fiesta hoy mismo.
Probemos algo juntos, ahora mismo:
¿Estamos vivos hoy? Eso ya es motivo de celebración.
¿Hay alguien que nos quiere? Ahí hay otra razón.
¿Respiramos sin ayuda? ¿Hay un plato de comida en la mesa?
Con eso, ya tenemos nuestra propia fiesta.
Empoderamiento: Tu alegría en tus propias manos.
A esta altura de la vida, lo hemos visto todo. Personas que vienen, personas que se van. Invitaciones que llegan… y otras que no llegan.
Y si algo hemos aprendido, es esto: nuestra alegría no puede quedar en manos ajenas.
Esa cena a la que no fuimos invitados puede seguir su curso. Esa fiesta también. Pero nuestra alegría y nuestra paz nos pertenecen.
No dejemos que nadie —nadie— nos quite el gozo. Ni una lista. Ni un evento. Ni una fiesta.
Celebremos nuestra vida. Celebremos lo que somos. Celebremos lo que tenemos.
Con invitación o sin ella.
Porque ese, queridos amigos, es el verdadero empoderamiento.
¡Celebrar siempre a pesar de…!