Basta la primera nota de ciertas canciones para que algo en mí cambie, antes de que pueda explicarlo.
La bossa nova me relaja como si escuchara las olas del mar. El Claro de luna de Beethoven me envuelve en un tono reflexivo y nostálgico. El jazz me regala una relajación alegre. Mi ánimo cambia con la música, y cada género me lleva a un lugar distinto.
¿Qué ocurre ahí dentro? La ciencia ha logrado observarlo, y lo que encontró tiene matices que pocas veces se cuentan: lo que la evidencia respalda y lo que todavía no, y un cuidado muy sencillo que solemos olvidar cada vez que subimos el volumen.
Lo que ocurre en el cerebro cuando una canción nos conmueve
En 2011, un equipo de la Universidad McGill publicó en Nature Neuroscience un estudio con imágenes cerebrales. Encontraron que en los momentos de mayor emoción al escuchar música se libera dopamina en el estriado, una región ligada a la recompensa. El hallazgo tiene un detalle fascinante: la anticipación del momento cumbre activa una zona distinta (el núcleo caudado) de la que se activa en el pico del placer (el núcleo accumbens). Y los participantes escuchaban música que ellos mismos habían elegido por producirles placer. Es decir, importa lo que nos dice a cada uno, no una música «ideal» para todos.
Escuchar música y la salud cerebral en la adultez mayor
Un estudio de la Universidad de Monash siguió a 10.893 adultos de 70 años o más que no tenían demencia al comenzar. Quienes decían escuchar música siempre presentaron un 39% menos de incidencia de demencia y mejores puntajes en cognición global y memoria episódica. Tocar un instrumento se asoció con un 35% menos de riesgo.
Conviene leerlo con precisión: los propios investigadores aclararon que el estudio muestra una asociación y no puede demostrar causalidad. Además, la relación fue más marcada en personas con 16 o más años de educación, lo que sugiere que otros factores también pesan. Es una pista valiosa, no una garantía.
Lo que sí se ha comprobado en personas con demencia
La revisión Cochrane analizó ensayos con personas con demencia en cuidado institucional y concluyó, con confianza moderada, que cinco o más sesiones de intervenciones musicales probablemente reducen los síntomas depresivos y mejoran los problemas de conducta. Sobre la cognición, la evidencia es de baja calidad y apunta a poco o ningún efecto. Es decir, la música acompaña el ánimo y el bienestar. No sustituye la atención médica.
El otro lado: el volumen y el tiempo
Aquí está la parte que más se ignora. La música no daña por «un tipo de sonido», sino por cuánto suena y durante cuánto tiempo. Según la OMS, el riesgo aumenta con el volumen y la duración, y la exposición repetida a sonidos fuertes puede causar daños irreversibles en las células del oído. Para tener una referencia: una conversación normal ronda los 60 dB, y un secador de pelo, los 100 dB, que solo se toleran unos 20 minutos a la semana.
Esto importa para el cerebro. La Comisión de la revista The Lancet identificó 14 factores de riesgo modificables que podrían prevenir o retrasar casi la mitad de los casos de demencia, y entre ellos está la pérdida de audición. La relación es observacional y no se sabe con certeza en qué dirección opera, pero un análisis reciente reportó que quienes con pérdida auditiva usaban audífonos tenían menor riesgo de deterioro cognitivo y demencia.
Cómo incorporarla a la vida diaria, con cuidado
La OMS recomienda mantener el volumen por debajo del 60% del máximo del aparato, usar audífonos que cancelen el ruido para no subir el volumen en lugares ruidosos, y hacer pausas. Una regla práctica suya: si necesita levantar la voz para que lo oigan a un brazo de distancia, el ambiente es demasiado ruidoso. Y si nota zumbidos persistentes o dificultad para seguir conversaciones en lugares con ruido, conviene hacerse un examen de audición, y se recomienda uno cada año.
Más allá de eso, la ciencia respalda algo sencillo: escuchar la música que nos gusta, la de nuestra vida, con regularidad y a un volumen amable. Sin aparatos que comprar ni promesas que creer.
También le puede interesar: Cuerpo y emociones
Fuentes:
- Salimpoor, V. N. et al. (2011). Anatomically distinct dopamine release during anticipation and experience of peak emotion to music. Nature Neuroscience, 14, 257-262. https://doi.org/10.1038/nn.2726
- Jaffa, E., Wu, Z., Owen, A. J. et al. (2025). What is the association between music-related leisure activities and dementia risk? A cohort study. International Journal of Geriatric Psychiatry, 40(10), e70163. https://doi.org/10.1002/gps.70163
- van der Steen, J. T. et al. (2018). Music-based therapeutic interventions for people with dementia. Cochrane Database of Systematic Reviews, CD003477.pub4. https://www.cochranelibrary.com/cdsr/doi/10.1002/14651858.CD003477.pub4/full
- Livingston, G. et al. (2024). Dementia prevention, intervention, and care: 2024 report of the Lancet standing Commission. The Lancet, 404(10452), 572-628. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(24)01296-0
- Organización Mundial de la Salud (2026). Sordera y deficiencia auditiva: escuchar sin riesgos. https://www.who.int/es/news-room/questions-and-answers/item/deafness-and-hearing-loss-safe-listening